Tíos, no puedo dejar de darle vueltas a lo que pasó anoche en Madrid. Con el Mundial 2026 en pleno apogeo, con todos nosotros pegados a la tele viendo a nuestras selecciones, hay chavales de nuestra edad o incluso más jóvenes que se están matando por el control de una calle. Leo la noticia de Dionisio, un trinitario de 23 años que cayó en una emboscada en Ciudad Lineal, y flipo. No era un capo ni un pez gordo, era un albañil de 23 años con antecedentes, pero sobre todo era un chaval que entró en territorio DDP y lo pagó con su vida.
Lo más heavy: le esperaron escondidos en un portal y le cayeron por la espalda con machetes. Diez puñaladas, según los testigos. Una enfermera que estaba por allí intentó reanimarlo, luego la policía, pero no hubo manera. Y no fue solo él: dos menores de 17 años, Thomas (colombiano) y Cristhian D. (peruano), están uno muy grave y el otro grave. Todo esto en un parque junto a bares y terrazas, donde podría haber estado cualquier persona tomándose una cerveza viendo el fútbol.
Ojo al dato: los investigadores creen que no fue un finde casual. Llevaban semanas siguiendo a Dionisio, esperando el momento exacto para la "caída" (así llaman a estas emboscadas en el argot de las bandas). Esto no es un arrebato, es una ejecución fría y planificada. Y ahora temen la respuesta de los Trinitarios. Estamos ante una espiral que puede salirse de madre.
Y yo me pregunto, viendo a Mbappé, Vinicius o lo que nos depare este Mundial... ¿cuántos de estos chavales podrían estar en un campo de fútbol en lugar de en una pelea de bandas? En San Blas, donde operaban los Trinitarios, hay canchas, hay escuelas de fútbol base, hay iniciativas como el proyecto PsiDE que ayuda a más de 1.200 futbolistas jóvenes en Madrid. Pero alguien falla, algo no llega, y al final tenemos a un chico de 23 años cosido a machetazos en un parque.
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